humor e ingenio

  • Ideas originales para ornamentar la casa en Navidad

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  • Larra: La educación de entonces

    . . . Pues, ¿y las muchachas, qué recogidas se criaban, en un santo temor de Dios, sin novelicas, ni óperas, ni zarandajas? Verdad es que eran un poco más hipócritas; pero ¡mire usted qué malo! A lo menos no daban que decir. En el día, los libricos empiezan a alborotarlas los cascos, se acaloran, y al primer querido que concluye la obra que empezaron los libros, ¡paf!, sólo el diablo sabe lo que anda: se le casa a usted, si es que se le casan, poco menos que sin pedirle licencia. Verdad es que yo conocí aun en aquellos tiempos más de cuatro... de las cuales una se escapó con un mozalbete a quien quería, porque la tenían oprimida sus padres; otra cogió una pulmonía que la echó al hoyo en pocos días, de ver al cuyo a deshoras por la reja (porque no se entraban los hombres en las casas de honor con la facilidad que ahora); otra que se aficionó del criado de su casa más de lo que a su recato y buen nombre convenía, porque no veía a alma nacida, y hubo lo que Dios fue servido y se murieron sus padres de pesadumbre; y otra, por fin, se murió ella misma de tristeza en un convento, donde la metieron por fuerza sus padres, llenos de prudencia, por miedo de que se perdiese en el siglo... Sí señor, esto es verdad, porque la carne siempre ha sido flaca; pero tenía usted a lo menos el gusto de saber que no habían sido los libros los que le habían pervertido a aquellas inocentes criaturas . . .

    Mariano José de Larra: «La educación de entonces», in La Revista Española, núm. 140; Madrid : I. Sancha, 1834-01-05 (extr. La Litera información)

  • Larra: «Las casas nuevas»

    «La constancia es el recurso de los feos», dice la célebre Ninón de Lenclós en sus lindas cartas . . .

    Aquella máxima de coqueta, al parecer ligera, si no es siempre cierta, porque no a todos les es dado el poder ser inconstantes, es, sin embargo, profunda y filosófica, y aun puede, fuera del amor, encontrar más de una exacta aplicación. Pero mi propósito no es hundirme en consideraciones metafísicas acerca del amor; tengamos lástima al que le ha dejado tomar incremento en su corazón, y pasemos como sobre ascuas sobre tan quisquilloso argumento. El hecho es que no tenía yo la edad todavía de querer ni de ser querido, cuando entre otras varias obras francesas que en mis manos cayeron, hacía ya un papel muy principal la de la famosa cortesana citada. Chocome aquella máxima, y fuese pueril vanidad, fuese temor de que por apocado me tuviesen, adoptéla por regla general de mis aficiones. Tuve que luchar en un principio con la costumbre, que es en el hombre hija de la pereza y madre de la constancia. El hombre, efectivamente, se contenta muchas veces con las cosas tales cuales las encuentra, por no darse a buscar otras, como se figura acaso difícil encontrarlas; una vez resignado por pereza, se aficiona por costumbre a lo que tiene y le rodea; y una vez acostumbrado, tiene la bondad de llamar constancia a lo que es en él casi naturaleza. Pero yo luché, y al cabo de poco tiempo de ese empeño en cerrar mi corazón a las aficiones que pudieran llegar a dominarle, agregado esto a la necesidad de viajar y variar de objetos, en que las revoluciones del principio del siglo habían puesto a mi familia, lograron hacer de mí el ser más veleidoso que ha nacido . . .

    Mariano José de Larra: «Las casas nuevas» in La Revista Española, n. 94 ; Madrid : Imprenta de D. Tomás Jordán, 13 de septiembre de 1833 (extr. La Litera información)

  • Larra: Ya soy redactor

    . . . dieron en írseme los ojos tras cada periódico que veía, y era mi pío por mañana y noche: «¿Cuándo seré redactor de periódico?». Figurábaseme, sí, desde luego, obra de romanos el llenar y embutir con verdades luminosas las largas columnas de un papel público; pero en cambio era para mí de la mayor consideración el imaginarme a la cabeza de una sección literaria, recibiendo comunicados atentos y decorosos, viendo diariamente consignadas en indelebles caracteres de imprenta mis propias ideas y las de mis amigos, y sin más trabajo, a mi parecer, que el haber de contar y recontar al fin de mes los sonantes doblones que el público desinteresado tiene la bondad de depositar en cambio de papel en los arcones periodísticos de una empresa, luz y antorcha de la patria, y órgano de la civilización del país . . .

    Larra: «Ya soy redactor» in La Revista Española, núm. 39; Madrid, 19 de marzo de 1833 (extr. La Litera información)

  • Larra: Carta a Andrés escrita desde las Batuecas

    ―¡Don Fulano! Ese periódico, hombre, mire usted que todos hablan de él de una manera…

    ―¿Qué quiere usted? ―⁠te interrumpe⁠― ; un redactor o dos tengo buenos, que no es del caso nombrar a usted ahora; pero los pago poco, y así no es extraño que no hagan todo lo que saben: a otro le doy casa, otro me escribe por la comida…

    ―¡Hombre! ¡Calle usted!

    ―Sí, señor; oiga usted, y me dará la razón. En otro tiempo convoqué cuatro sabios, diles buenos sueldos; redactaban un periódico lleno de ciencia y de utilidad, el cual no pudo sostenerse medio año; ni un cristiano se suscribió; nadie le leía; puedo decir que fue un secreto que todo el mundo me guardó. Pues ahora con eso que usted ve estoy mejor que quiero, y sin costarme tanto. Todavía le diría a usted más… Pero… Desengáñese usted, aquí no se lee.

    Larra: «Carta a Andrés escrita desde las Batuecas» (Madrid, El Pobrecito Hablador, núm. 3, 1832-09) extr. La Litera información

  • Iriarte: El asno y su amo

    «Siempre acostumbra hacer el vulgo necio
    de lo bueno y lo malo igual aprecio;
    yo le doy lo peor, que es lo que alaba».
    De este modo sus yerros disculpaba
    un escritor de farsas indecentes;
    y un taimado poeta que lo oía,
    le respondió en los términos siguientes:
    «Al humilde jumento
    su dueño daba paja, y le decía:
    'Toma, pues que con eso estás contento'.
    Díjolo tantas veces, que ya un día
    se enfadó el asno, y replicó: 'Yo tomo
    lo que me quieres dar; pero, hombre injusto,
    ¿piensas que sólo de la paja gusto?
    Dame grano, y verás si me lo como'».

    Sepa quien para el público trabaja,
    que tal vez a la plebe culpa en vano,
    pues si, en dándola paja, come paja,
    siempre que la dan grano, come grano.

    Iriarte: «El asno y su amo», en Fábulas literarias; Madrid, Imprenta Real, 1782

Natural Herboristería, Binéfar
Jazz Binefar 24 marzo 17
Parkour, por Adán Pérez, 22 y 27 de marzo, información en Centro Joven y en el 974 429 530

. . . considero un cálculo plausible que . . . el siglo XXI verá desaparecer el 90% de las lenguas de la humanidad . . .

Comparemos la situación con la esfera biológica . . . el 7,4% de especies de mamíferos y el 2,7% de aves están en peligro o amenazadas . . . Apunto la opinión, sostenida por muchos biólogos, de que la mitad de las especies del mundo habrán desaparecido o estarán al borde de la extinción a finales del siglo . . .

¿Por qué despierta más preocupación esta . . . amenaza a la diversidad biológica que la amenaza, mucho mayor, a la diversidad lingüística . . . ?

Tal como la extinción de cualquier especie animal degrada nuestro mundo, lo mismo sucede con la desaparición de cualquier lengua.

Michael Krauss: «The world's languages in crisis», en Language, vol.68, n.1 ; Washington, DC : Linguistic Society of America, marzo 1992 (extr. y trad. La Litera información)

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